El Mundial desde dentro

Pekín ha recibido con los brazos abiertos el Mundial de 2017 ofreciendo su más insigne estadio para el evento de esports más importante del año pero, ¿cómo es la llegada si eres un visitante occidental?, la primera barrera evidentemente es el idioma, no todos los carteles están traducidos al inglés y los que lo están, cuentan con fallos importantes.

Probamos a preguntar al personal del aeropuerto y se confirman nuestras peores sospechas, casi nadie sabe inglés. Por justicia cabe decir que sería muy raro que un funcionario de un aeropuerto en España se defendiera mínimamente en mandarín pero al menos no se pondría una equívoca bandera británica en la solapa a menos que tuviera nociones básicas del idioma de Shakespeare.

El aeropuerto internacional de Pekín está a 25 kilómetros del centro, un tren une ambos destinos pero tras 17 horas de viaje con una escala, lo humano es coger un taxi, tan humano como insensato.

Cubo de agua
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Consejo para tu próixima visita a Pekin: lleva la dirección escrita en chino. No era la primera vez que visitábamos el país, sino la tercera, pero Shanghai y Hong Kong son prácticamente bilingües en inglés comparado con el nivel de la capital. Algunos conductores hacen lo mejor para entenderse con el potencial pasajero pero la barrera del idioma acaba por vencer al más dispuesto de ellos, invitándote a salir de su vehículo. Tras varios intentos, se acercará un tipo, salido de la nada, que dice que te llevará donde quieras, su inglés es decente, enseña una supuesta credencial y te pide que le acompañes al aparcamiento, con una actitud bastante amigable.

Todas estas señales son tan sospechosas que encienden nuestras alarmas, recordando lo que nos dijeron otros viajeros: "No subas a taxis no oficiales". Se trata de una estafa que aunque te lleve a tu destino, el conductor te cobrará mucho más que los típicos taxis amarillos.

Decidimos llamar al hotel, pasar el móvil al conductor y que la recepcionista le explique, a un taxista oficial cómo llegar hasta allí. 40 minutos y 100 yuanes después, llegamos al hotel.

Pekín
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Durante el trayecto observamos una constante en China, las señales de tráfico están de adorno. Se saltan de tantas maneras las leyes europeas que es difícil enumerarlas todas. Circulan por el arcén, no respetan la distancia de seguridad, van a velocidades altísimas, los motoristas van chateando por teléfono móvil...

Hablando de teléfonos, dos apuntes, el precio de la itinerancia de datos es insultante, doce euros el megabyte y aquí no funciona nada, ni WhatsApp, ni Google, así que ya actualizarás tus redes sociales cuando vuelvas. El sistema de comunicación mayoritario es WeChat y lo más recomendable es descargarlo antes de pisar el país.

Tras llegar al hotel y descansar unas horas toca explorar. El "Nido de Pájaro" está a 25 minutos andando así que echamos un vistazo antes de la rueda de prensa de los jugadores. Atrevidos como somos, hacemos escala en un restaurante con encanto desde fuera y con buenos olores pero quizás demasiado distinto al sabor occidental. Después de pagar tres euros por el menú completo, llegamos al inmenso complejo olímpico. El "Nido" es la joya de la corona con una intrincada arquitectura que llama mucho la atención.

Toda esta zona dedicada al deporte todavía sigue ampliándose a día de hoy e impresiona y resulta ideal para los Worlds. Además de, en el estadio, el edificio conocido como "Cubo de agua" hay un concierto de música inspirado en League of Legends que al igual que la final, ha vendido todas sus localidades.

Rueda de prensa Worlds
Rueda de prensa.

El "Cubo" es otra singular construcción que congrega a muchísimos turistas locales porque extranjeros se ven muy pocos. Tan pocos que a veces nos piden, los locales, que posemos con ellos para la cámara de su móvil, siempre de ultimísima generación o eso parece. Desde esta zona vamos a la rueda de prensa donde hablamos con varios periodistas autóctonos. Tras unas horas, termina la conferencia y ya es de noche, aquí atardece muy temprano y los compañeros de profesión nos recomiendan visitar hoy el Pekín moderno y dejar para mañana el milenario.

Les hacemos caso subiendo al Metro para llegar al "Mercado de la seda". Una cola de autobuses espera para descargar a todos los extranjeros que transporta. Relojes, bolsos, ropa de marca y hasta imitaciones de PlayStation 4 esperan a los más incautos donde cientos de tenderos pretenden hacer su agosto. A nosotros no nos seduce nada por su baja calidad general y salimos a comer a un puesto de la calle que parece de perritos calientes. Al pagar, el dependiente nos informa que el billete que le damos es falso. Efectivamente, un examen minucioso desvela el engaño y nos acordamos de aquel restaurante peculiar que visitamos. ¿Fue allí o este tendero nos quiere colar un billete que no es nuestro? Sea como sea, pagamos para saciar el hambre y descubrimos que la salchicha era tan de imitación como los "Rolex" del "Mercado de la seda".

Es un "hotdog" de pescado, algo así como atún por lo que nos prometemos comer, a partir de ahora, en sitios de confianza. Volvemos al hotel en el rápido metro que es muy sencillo de utilizar y económico, y nos acostamos convencidos de que mañana sí será un gran día. Aunque sólo sea por estar en el Campeonato Mundial de League of Legends de 2017.

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