| Sergio Perela

El intruso

Cuando uno llega de nuevas a un trabajo; o se acerca a un grupo que ya tiene entidad por sí mismo, como pueden ser los parroquianos de un bar al que no ha ido nunca antes a ver los partidos, ha de seguir las reglas del perfecto advenedizo. Aquello de ver, oír y callar sigue siendo efectivo. Tanto por viejo como por diablo. Pero ha de ir acompañado de una proactividad. Gestos paulatinos en los que los demás perciban que de alguna manera no has venido a restar, sino más bien al contrario. Que entiendan que, desde el momento en que tomaste la decisión de ir a importunarles, entendiste que su bien es el tuyo y su futuro, tu fin.

Más o menos así entiendo que está siendo la llegada de la televisión al mundo esport. Aunque quizá esté equivocado identificando la mía propia con la general del medio. Eso aún no estoy en condiciones de valorarlo. Siguiendo con la personificación, muchos han sido ya los que me han preguntado aquello de qué busca la televisión aquí, qué quiere de nosotros. Y la respuesta me parece muy sencilla, sobre todo en una sociedad tan poco altruista. Sois muchos, legión. Y algo que aglutina a tanta gente y que suscita tanta pasión y tanto movimiento a su alrededor, ha de ser entendido y catalizado. El resto, el mundo que desconocía este concepto hasta hace nada, se pregunta qué hay y qué tiene de bueno, porque semejantes concentraciones de números (en todos los sentidos) no son casuales.

La otra pregunta es: ¿qué puede aportar la televisión a los esports? Es verdad que no se suele formular como tal, sino emitir como juicio. “La televisión no pinta nada en un mundo que es de Twitch y de las redes”, se afirma con total rotundidad. Lo que pasa es que los porqués que sustentan el razonamiento suelen reducirse a uno, que no es más que el de la costumbre. Si los esports siempre se han visto y se han desarrollado en Twitch, no deben salir de ahí. El gran argumento de que si algo se ha hecho siempre de una manera, es imposible que se pueda hacer de otra. 

No creo que la televisión haya llegado para enterrar al resto de medios. Tiene su propio lenguaje, tiene sus propias reglas y estamos todavía en muchos sentidos acoplando las diferentes piezas. Pero es un complemento más que pintón. Saca los esports de la privacidad de los cuartos para llevarlo al salón, al altar al que toda la familia se acerca como mínimo una vez al día. Pasa de ser un entretenimiento privado y algo oculto a algo más social.

Ya se puede ver como se ve el fútbol, invitando a amigos al salón y pidiendo pizza para disfrutarlo al completo. Y, con todo eso, las familias de todos los que habéis dedicado tantas horas a todos estos juegos; esas mismas familias que muchas veces os han censurado por ello porque lo veían extraño y pernicioso, ahora se preguntan si no estarían equivocados.

Con ese detalle, el público potencial es mucho mayor. Es, de hecho, masivo. Porque la televisión tiene lo que tenían los libros para nuestros bisabuelos, un aura de dogma de fe. Si lo dice la tele, será verdad. Si sale en la tele, ha de ser importante.