| Firmas de opinión - Alfonso León

El 'cheating' y sus implicaciones

En The Gaming House #27 analizábamos el impacto de las apuestas en los esports. De este fenómeno - manejando la industria unas cifras de enorme importancia como se destacó en el programa por Pablo Cabeza Sain - se deriva la posibilidad de incurrir en amaño de partidos o 'sport fixing'. Ambas situaciones son especialmente vigiladas por la Esports Integrity Coalition (ESIC) como amenazas a la integridad de las competiciones. No obstante, en este momento y por ser de rabiosa actualidad, debemos detenernos en otra de las amenazas que afectan a los esports, como son las trampas para ganar.

Así, un miembro de la plantilla de CS:GO que integraba la temporada pasada el equipo de SHUT UP! aparentemente hizo uso de un software 'cheat' que les concedió una ventaja competitiva indebida en la final del torneo de acceso a la Superliga Orange de Counter-Strike: Global Offensive. Esta circunstancia no fue conocida hasta el día 26 de septiembre de este año cuando fue revelada por un miembro de dicho equipo.

Conviene celebrar la rápida y tajante reacción mostrada por el nuevo club de dichos jugadores, MAD Lions E.C. que inmediatamente rescindió el contrato.

Al respecto, conviene celebrar la rápida y tajante reacción mostrada por el nuevo club de dichos jugadores, MAD Lions E.C. que inmediatamente rescindió el contrato con éstos, así como de la Liga de Videojuegos Profesional que comunicó el 28 de septiembre la imposición del correspondiente periodo de inelegibilidad para dichos jugadores.

El 24 de julio de 2017, la Esports Integrity Coalition publicó un informe derivado de una encuesta realizada entre miembros de la industria, del que se extrajo como una de las conclusiones la siguiente recomendación en materia de sanciones en caso de trampas de este tipo, cuando hablamos de una primera infracción por parte del jugador en cuestión:

La sanción recomendada es de 5 años de suspensión, si bien en caso de concurrir circunstancias agravantes en base a los parámetros arriba señalados, podría llegar a la perpetuidad.

Ordenar la descalificación del torneo, anular los resultados y pérdida del premio económico obtenido. Imposición de una suspensión de entre 2 años y perpetuidad, dependiendo de la edad, nivel del jugador en cuestión, así como el tipo de competición en la que se produjo la infracción. Por otra parte, en caso de que la trampa se produjese en el marco de una competición por encima de nivel aficionado, donde lo que está en juego es un premio económico significativo o la clasificación para una competición en particular, la sanción recomendada es de 5 años de suspensión, si bien en caso de concurrir circunstancias agravantes en base a los parámetros arriba señalados, podría llegar a la perpetuidad.

En cualquier caso, a pesar de lo sumamente reprobable de las acciones que originaron estos acontecimientos y que como ya subrayado suponen una amenaza directa a las competiciones de esports, conviene felicitar y ser francamente optimistas, en base a la pronta y contundente reacción mostrada tanto por el club como por el organizador de la competición.

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