El Mundial desde dentro: Día 2

Tras la decepción de conocer el Pekín moderno ayer, hoy toca explorar la zona más tradicional. Desayunamos lo que parece un menú matutino cotidiano, rollitos de primavera, verduras especiadas con pimienta, un zumo y un churro cuádruple. De ahí, al Metro, y bajo tierra nos damos cuenta de la inmensidad de esta metrópolis. Para hacer unas 25 estaciones con dos transbordos tardamos una hora y cuarto, sin perdernos, claro. El viaje, sin embargo, merece la pena.

Tiananmén, la histórica plaza en el centro de la ciudad tiene kilómetros para explorar y mil detalles turísticos. Lo más llamativo, la omnipresencia de Mao Tse-tung.

Plaza de Tiananmen
Plaza de Tiananmen

Después de un paseo decidimos entrar en la ciudad prohibida, un museo gigante que muestra con orgullo, 600 años de historia china. Las colas, aunque largas, son fluidas, ya que deben estar acostumbrados a tratar con muchedumbres. Las dimensiones también ayudan: nos vemos buena parte de los museos de la Ciudad antes de darnos cuenta que las puertas del "Nido de Pájaro" se abren en hora y media. Decidimos asegurar y coger un taxi ya que el sábado, el tráfico parece más fluido.

El primero en parar es un motocarro que nos ha visto mirar a diestro y siniestro y ha deducido que necesitamos transporte. Me producía rechazo no sólo por la inmensa distancia que habría que recorrer, sino sobre todo por su insistencia, que suele ser sinónimo de tahúr, casi se le veían las pupilas con el símbolo del dólar.

Pekín
La fiebre del Mundial contagia todo Pekín.

Segundo intento: un taxi. Para asegurar que comprende nuestro destino, le enseñamos la foto del estadio. El tipo arranca, reconociéndolo pero tras 200 metros cambia de idea y empieza a decir: "¿Juan?", incesantemente. Esto no pinta bien, pero sonriente y pacífico le digo: "Juan no, Carlos". El tipo se enfurece repitiendo: "Juan, Carlos, Juan, Carlos", así que decidimos salir por patas en un semáforo. Si bien no hemos pagado ni un solo yuan por la breve carrera el taxista parece aliviado por quitarse el marrón de encima.

Tercer intento. Paramos otro taxi oficial, cruzamos dedos y antes de subir le enseñamos la foto del destino. Asiente, dice algo en chino que parece muy educado y pone música relajante. El conductor desde luego sabe lo que hace, porque conduce seguro y, novedad, utiliza los intermitentes. En China esto es tan raro como ver a un perro tocando el piano.

Al rato, el taxista se arranca a cantar, algo que hemos observado que le gusta mucho a los chinos tras ver a varios de ellos cantando en el Metro o en la calle. Después de 25 minutos llegamos sanos y salvos a una cola del "Nido de Pájaro" que, según dijo ayer Riot, congregará a 45.000 personas. La mayor cola no es para entrar, por cierto, sino para las dos tiendas oficiales de League of Legends, que apenas un rato después de abrir cuelgan el cartel de todo vendido.

Cosplay Pekín
Cosplayer en las puertas del "Nido de Pájaro".

La entrada está amenizada también por unos cuantos cosplayers. Menos de los que esperábamos en un Mundial, pero lo cierto es que de un nivel sobresaliente.

La estructura del escenario ocupa la mitad del estadio. Con un despliegue técnico increíble. Hace poco vimos a los Rolling Stones en Barcelona, y hasta sus "Satánicas Majestades" hubieran palidecido frente a las enormes pantallas a 60 hertzios, el tremendo sonido y el increíble espectáculo de apertura. ¿Lo peor? Que a los jugadores apenas se les veía. Estaban dentro de dos cubículos más propios de Counter-Strike que de League of Legends. Quizá una situación comprensible porque durante la competición se haría de noche y bajarían mucho las temperaturas.

Nido de Pájaro
Tremendo ambiente en el "Nido de Pájaro".

El jugador más popular de la competición es Faker con mucha diferencia. Camisetas, carteles iluminados y fans enloquecidas así lo atestigüan. Ni el repaso que sufre SKT en la grieta mitiga los gritos de ánimo. Curiosamente también se escuchan cánticos de apoyo a Royal Never Give Up, equipo local de fama imperecedera. Y es que la tierra tira mucho como cuando vivimos idéntico apoyo a Virtus.pro en el Major de Cracovia tras caer eliminado.

Samsung Galaxy acaba dando la campanada y mandando a sus compatriotas calentitos a la cama. Un 3-0 incontestable que los espectadores disfrutan como enanos. La excepción son las fans acérrimas de Faker, que lloran tan desconsoladas como el día que se enteraron que los Reyes Magos no existen.

Fans de Faker
Las aficionadas de Faker no encuentran consuelo.

La alegría de Crown y los suyos se ve potenciada por una copa del mundo de 20 metros de alto que aparece en el escenario en cuestión de segundos. Los miembros de SKT, abatidos, ni se despiden de sus fans.

En pocos minutos el estadio queda vacío, momento que aprovechamos para consultar con lugareños dónde podemos cenar bien. Nos indican el restaurante de un hotel cercano que encontramos sin problema y donde degustamos un riquísimo pato laqueado. Durante los postres se nos viene a la cabeza la promesa que nos hicimos ayer sobre que hoy iba a ser un gran día. Y la verdad es que mañana volveremos a España con ganas de regresar algún día a conocer mejor Pekín. Aunque sea sin un Mundial de por medio.

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